El Laberinto del Nivel 3

El Laberinto del Nivel 3

El Laberinto del Nivel 3

El Nivel 3 de los Backrooms es un lugar que desafía toda lógica y comprensión. Es un laberinto interminable de pasillos amarillos, iluminados por luces fluorescentes que parpadean sin ritmo alguno. Las paredes, pintadas de un amarillo enfermizo, parecen extenderse hasta el infinito, y el sonido de tus propios pasos es el único que rompe el silencio opresivo.

Entré en este nivel sin saber cómo, y desde entonces, he estado buscando una salida. Cada pasillo parece idéntico al anterior, y las puertas que encuentro están siempre cerradas, sin manijas ni cerraduras. A veces, escucho voces distantes, susurros que no puedo entender, como si alguien más estuviera atrapado aquí conmigo.

El tiempo parece no existir en este lugar. No hay ventanas, ni relojes, ni ningún indicio de que el mundo exterior siga su curso. Las luces parpadean, y en la oscuridad momentánea, siento que algo se mueve a mi alrededor. Pero cuando la luz regresa, no hay nada. Solo el eco de mis propios pasos y el silencio.

He intentado seguir las voces, pensando que podrían llevarme a otros como yo, pero cada vez que lo hago, los pasillos parecen cambiar, como si el laberinto mismo estuviera vivo y se reconfigurara para mantenerme perdido. A veces, las voces se convierten en risas, y otras veces, en gritos de terror.

En una ocasión, encontré una puerta entreabierta. Detrás de ella, había una habitación pequeña, con una sola silla y una mesa. Sobre la mesa, había un cuaderno. Lo abrí, y en cada página, había escrito "No confíes en las voces". No había firma, ni fecha, solo esa advertencia repetida una y otra vez.

Desde entonces, he intentado ignorar las voces, pero es difícil cuando son lo único que rompe la monotonía de este lugar. A veces, me pregunto si alguna vez saldré de aquí, o si estoy condenado a vagar por estos pasillos amarillos para siempre.

Pero hoy, algo es diferente. He encontrado una puerta que no estaba allí antes. Es roja, y tiene una manija. Las voces se han vuelto más fuertes, casi como si me estuvieran guiando hacia ella. Y aunque el cuaderno me advirtió que no confiara en ellas, siento que esta vez, debo intentar.

Con manos temblorosas, giro la manija y abro la puerta. Detrás de ella, hay una luz brillante, cegadora. Y por primera vez en lo que parece una eternidad, siento esperanza. Pero mientras doy un paso adelante, las voces susurran una última advertencia: "No todos los que entran, salen".

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